Experiencia formativa parte 2
Durante el desarrollo de mi práctica pedagógica, la evaluación se abordó como una oportunidad para conocer mejor a los estudiantes y comprender cómo avanzaban en su aprendizaje. Más que enfocarme únicamente en los resultados, me interesó observar el proceso que cada estudiante vivía durante las actividades realizadas en clase.
En el aula, la evaluación se llevó a cabo a través de actividades cotidianas como trabajos en grupo, participación oral y desarrollo de ejercicios prácticos. Estas actividades permitieron identificar qué estudiantes comprendían los temas con mayor facilidad y cuáles requerían un mayor acompañamiento. A partir de esto, se realizaron ajustes en las explicaciones y en las actividades propuestas.
También se tuvo en cuenta la actitud de los estudiantes frente a las actividades evaluativas. Se observó que cuando la evaluación se presentaba de manera clara y cercana, los estudiantes mostraban mayor disposición y confianza. Esto permitió generar un ambiente más tranquilo, donde el error fue visto como parte del aprendizaje y no como algo negativo.
Asimismo, la evaluación permitió fortalecer la comunicación entre docente y estudiantes. A través del diálogo y la orientación constante, fue posible resolver dudas y acompañar a los estudiantes en su proceso, reconociendo sus avances y motivándolos a mejorar.
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